Seguimos en los 30

Semanas atrás, platicando con mi amiga Vane, me preguntaba lo siguiente:

–Amiga, ¿no te ha pasado que tienes que aguantarte las ganas de comer algo que se te antoja mucho pero sabes que es de alguien más? –Mmm sí, ¡pero me lo comí de todas formas!

¿Será que después de los 30 las mujeres nos volvemos más putas?

Honestamente, no lo creo, más bien llegamos a ese momento de nuestras vidas donde vemos la sexualidad como una elección y no como una opción. Verán, cuando éramos más jóvenes e inocentes –sí, aunque no lo crean fui inocente alguna vez- soñábamos con encontrar al hombre perfecto (para nosotras) ese que solo nos viera a nosotras, nos tratara como reinas y de paso si era bueno en la cama pues era como un ‘plus’ porque si, en nuestra estúpida inocencia nos conformábamos con poco –y no hablo de tamaño, sino de pericia- como creíamos en historias “rositas” pensábamos que así debía ser: ¡sufrir, sufrir, sufrir!

Afortunadamente o desafortunadamente –todo depende del cristal- hubo muchas de nosotras que no seguimos esa misma línea –por el motivo que haya sido- y tuvimos más experiencias, algunas igual de malas otras no tanto, dando como resultado que a los 30 sigamos solteras.

No quiero demeritar a todas esas mujeres valientes y bellas que han decidido formar una familia en pleno, mi más sincera admiración; es solo que esta vez me enfocaré en aquellas a las que se nos “aligeraron” los cascos.

Como les decía llegar a esta edad, soltera, te abre un abanico de posibilidades, para empezar a los 30 uno decide con quién y con quién no irse a la cama y no te sientes culpable por rechazar a alguien que no es de tu agrado o cuando no andas de ganas; te olvidas de aquellas ‘tácticas’ para enamorar a tu hombre: lápiz labial, ojos soñadores, aire de inocencia. A los 30 ya no tienes la carga de demostrarle nada a nadie, eres capaz de reconocerte como la única responsable de tus decisiones y asumes tus equivocaciones con dignidad –a menos que este muy feo ¡es broma!- sabes perfectamente que si te caes, hay que levantarse de nuevo. Ya no consideras necesario quedarte lloriqueando tus penas y entiendes que la única manera de superar un mal momento es plantándole cara.

La verdad es que no, después de los 30 las mujeres no nos volvemos más zorras, putas o golfas. Es solo que ya no sentimos reparos en decir lo que pensamos, en pedir lo que deseamos; no sentimos agobio al dirigir a un hombre en la cama, al contrario, nos regodeamos enseñándole nuestros gustos para después recrearlos en nuestras fantasías. Nos volvemos realmente libres, sin compromisos, sin prejuicios, sin tapujos, dejamos de satisfacer las necesidades de los demás y comenzamos a llenar nuestras expectativas sin miedos…

Y para finalizar, tengo la certeza de que cuando alguna otra mujer te llama ‘puta’ es porque gozas de la libertad que ella quisiera tener… así que… ¡esto es lo que hay!

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Las Crisis de los 30’s… parte I

Si lo sé, hace mucho que no escribía y no es que se me hubieran acabado los temas, sino que le estaba dando descanso a mis ideas…. ¡ajá!

Entremos en materia:

Hace un par de semanas tuve una crisis espantosa, resulta que estaba segura de que me había enamorado perdidamente de mi fuckbody. No fue así de buenas a primeras, todo tiene una razón, no precisamente lógica, pero razón al fin y al cabo.

Resulta que mi fuckbody se fue de vacaciones a un país tropical de esos de ‘ensueño’, obvio yo estaba hecha una furia, ya que no habíamos podido vernos para el “desestrés” antes de Pascua, además porque mi cerebro de mujer estaba (está) casi seguro de que se fue con su chava –eso no lo sé de cierto- pero mi imaginación no es nada piadosa; total que cerré las vías de comunicación porque estaba encabritada. Ignoro cuánto me conoce el tipo pero siempre que hago mi berrinche deja pasar varios días para buscarme; no había sabido nada de él hasta pasados cinco días, recibí un mensaje, sí de esos típicos cachondos ¡tan nuestros!, pudo más mi curiosidad que mi indignación y respondí con un: -¿dónde estás?-, claro que seguía en aquella tierra paradisiaca… aquí empezó toda mi crisis.

En mi estupidez, me preguntaba a mí misma: -¿cómo es posible que estando en un lugar de ensueño con playa, arena, mar, mujeres ardientes, este hombre esté pensando en mí?-, técnicamente pensaba en partes específicas de mi cuerpo, pero ni modo que me las quite y se las preste ¡¿verdad?!, así pues ¡¡ÉL PENSABA EN MI!! Para colmo de males, el mensaje no quedó allí en el olvido, sino que se repitió al día siguiente, quedando agendada, obviamente, una cita para su regreso. Todo hubiera seguido igual, si a su regreso no le hubiera dado por mandarme algunas fotos de su viaje -¡me mató!- me imagino que la luna estaba menguando para esas fechas porque traía todas mis barreras deshabilitadas, y otra vez me preguntaba a mí misma –bueno, intentaba convencerme- ¡¿a dónde quiere llegar él enviándome esas fotos?!, ¡¡A MÍ!!, claro que el alucinado de mi pececito pendejo, ya veía flores y mariposas e intentaba hacerme creer que le importaba, que de alguna manera -a su manera- él sentía más que lujuria hacia a mí -¡¡INOCENTE!!- bueno, me encontraba como en la tercera nube de pendejez por el “detalle” de las fotos -nunca lo entendí, me ha mandado otro tipo de fotos y no me emocionaba tanto-, en fin… un par de días después de su regreso y de ¡las fotos!, nos vimos para desfogar nuestras mutuas necesidades, vale, sin afán de presumir, pero no hubiera durado tanto con mi fuckbody si no follara como los dioses, entonces, fue una combinación de todo: la llamada desde el Paraíso, las fotos no pedidas, la follada del Olimpo, yo juraba ¡¡que lo amaba!!, tanto fue mi pendejismo, que le pedí que no se fuera, ¡¿YO?!, que tengo por norma no rogar ¡y menos por sexo!, en ese momento mi otro pececito entró al quite y controló mis emociones, fue horrible. El apendejamiento me duró como dos semanas, en las cuales planeé, junto a una amiga, ¿cómo hacerle ver que soy su mejor opción? ¡¡HAZME EL FAVOR!!, obvio no hice nada, soy mucha mujer como para ser solo “una opción”, ahora me da risa. Afortunadamente, he puesto tierra de por medio, no me ha buscado y se lo agradezco, lo último que le dije fue que: “¡me follaba tan rico, que a veces sentía que lo quería!”; no pude haber usado mejores palabras, siempre que me pongo ‘romántica’ se desaparece.

De esta experiencia obtuve un consejo para los hombres:

“Jamás le propongas matrimonio a una mujer recién cogida, ¡es capaz de decirte que sí!”

¡Quiero Tenerte!

¿Alguno de ustedes recuerda esa divertida película “¿Cómo perder a un hombre en diez días?”?; esta historia, del 2003, cuenta los errores en los que comúnmente caemos las mujeres al relacionarnos con un tipo que nos gusta y los motivos que hacen que huyan despavoridos de nosotras.

     Pues bien, curiosamente, hace un par de días descubrí la manera de perder a un hombre ¡IPSO FACTO!, les cuento:

Como toda mujer moderna, independiente, soltera y en pleno uso de sus facultades sexuales, tengo en mi haber un ‘fuckbuddy’, sexfriend, un cogi-amigo o como quieran llamarlo, siendo franca ha sido la NO relación más duradera que he tenido, si mis recuerdos no fallan llevamos en esto cerca de seis años. Todo fue un acuerdo tácito: él su vida, yo la mía y ocasionalmente compartiríamos la cama; la cama, el carro, el sillón, lo que se nos pusiera en el camino, en fin… después de tanto tiempo es lógico que exista cierto cariño –que no hay que mezclar con amor- existe una cordialidad y una complicidad ¡bárbara!, a veces discutimos y varias veces nos hemos mandado al carajo mutuamente, luego se nos pasa el berrinche y volvemos a darnos cariño.

Todo fluía tranquilo, seguíamos con nuestros encuentros fortuitos, los mensajes calientes, las llamadas intensas; la última vez habíamos quedado de vernos pero por cuestiones laborales no se pudo. A la mañana siguiente, era un día gris de esos otoñales hechos para coger o para buscar el amor de tu vida –lo que ocurra primero-, mi fuckbuddy me mandó un mensajito, decía así:

– “Tengo unas ganas de tenerte”

a lo que yo respondí:

– “Me tienes, ¿no lo has notado?”

¡PTM!, me imagino que al hombre se le acalambraron los dedos nomás de leer la respuesta porque ¡no respondió!, ¡se quedó mudo!; pensé: -“se ocupó al rato contesta”- y ese rato, obviamente, no llegó… Admito que mi intención sí era joderle el día, pero nunca creí que se lo tomara tan apecho, después de tanto tiempo “juntos” ya debería conocer mi sarcasmo, pero no, aplicó la ley del ‘visto’ y ‘adiós’. Dice una amiga: -“ay amiga… pues es que si se vio sentimental el mensaje… lo asustas… le dan calambres en su corazoncito”-.

La verdad, todo esto ha sido muy gracioso, hilarante de hecho, hubiera dado lo que fuera por ver su cara, puedo asegurar que lo imaginé haciendo maletas dispuesto a cambiar de ciudad, país o hasta de continente con tal de escapar… ¡Pobre hombre!, lo llamaré y le diré que si cree que todo lo va a solucionar haciéndome sexo oral ¡¡tiene toda la razón!! 😉

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